14 de Noviembre de 2018
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Casi nunca es tarde

 

Corriendo a todos los sitios, siempre contrarreloj y constantemente conectados. Así es nuestro estilo de vida o así queremos o permitimos nosotros mismos que sea. Culpar al trabajo, a la sociedad, a “los tiempos que corren” o a la situación actual de forma indefinida y abstracta, creo que es tremendamente cobarde e irresponsable por nuestra parte.

Es cierto que “en los tiempos en los que vivimos” llevamos una cierta celeridad en nuestro ritmo de vida y también que, de ahí a que ese ritmo se convierta en frenético e insoportable, va un paso, pero que esa circunstancia acontezca depende no exclusiva, pero si básicamente de nosotros. Si, de nosotros. Porque solo nosotros somos los que podemos y debemos gestionar nuestro tiempo, trabajo, descanso, ocio y hasta nuestra procrastinación si se diera el caso o la necesidad. Solo nosotros debemos marcar nuestras metas y gestionar los tiempos, espacios y modos para conseguirlas.

Con estos preliminares de relativa o supuesta “hipervelocidad vital”, nuestra respuesta a la mayoría de las interesantes oportunidades que se nos pueden presentar en el día a día es: “No tengo tiempo”. ¿En cuántas ocasiones has pensado o has contestado precisamente eso? “no puedo hacer, ir, ver, oír o leer algo, porque no tengo tiempo”. No te preocupes, no hagas memoria, ni te molestes, no te esfuerces que ya te contesto yo… en Infinidad. Si, en infinidad de ocasiones “lo has” contestado o peor aún, “te lo has” contestado.

Vaya panorama ¿No? Parece que no tenemos tiempo para lo bueno, para las oportunidades, para lo que nos motiva, para lo que nos interesa, para lo que nos atrae y nos vemos obligados a renunciar a ello por culpa de nuestro “estilo de vida”. Creo que así no vamos por buen camino, o al menos no lo parece. Llegados a esta coyuntura, y antes de que se torne en algo irreversible, quizá debamos plantearnos que algo no estamos haciendo correctamente y que debemos dar un giro a esta situación, antes de que la situación nos dé un giro a nosotros y nos derribe…

La solución no es fácil y sobre todo no es instantánea, no podemos pensar que esto se resuelve en 5 minutos y con una pastilla, una inyección o una infusión… No, no es tan sencillo, o yo no creo que lo sea. La solución se basa en una transformación sustancial de nuestra forma de vivir e incluso de ser. Podemos comenzar por la organización y optimización de nuestras tareas y tiempos, por priorizar, redirigir, recomponer y reajustar nuestro día a día. También por relajar y sosegar, por buscar un equilibrio entre lo urgente y lo verdaderamente importante. Por pararnos, por disfrutar de todo, pero más despacio. Recuerdo que mi madre me reprendía cuando era pequeño y comía muy deprisa, con la gráfica frase: “comes como los pavos”, porque parece ser que estas grandes aves de corral comen bastante deprisa y sin “disfrutar” de lo que ingieren, pues bien, si extrapolamos el concepto de la frase de mi progenitora al tema en cuestión de hoy podemos decir que “vivimos como comen los pavos”, demasiado deprisa y “demasiado sin disfrutar”.

Todo lo achacamos a la falta de tiempo, “hacer, fabricar o generar tiempo” evidentemente es imposible, ya que, aunque en ocasiones si se pueda malgastar, despilfarrar o perder, el tiempo es como la energía, no se crea ni se destruye solo se puede transformar, reorganizar o redistribuir, nunca crear. Pero siendo un poco analítico, constante y sistemático si se puede reordenar para liberar una parte de él y poder dedicarlo a otras cosas, a esas que decimos que "nunca tenemos tiempo para hacer".

A estas alturas de la entrada, ahora que hemos logrado, con mucho esfuerzo, liberar tiempo, por favor no busquemos más excusas peregrinas, que somos capaces de buscar un buen repertorio de ellas para no hacer “eso” que nos gustaría, quedó pendiente, nos atrae o envidiamos de los demás: Ya no tengo edad, yo para eso no valgo, no estoy preparado, no tengo tiempo, en otra ocasión, al año que viene, cuando acabe lo que estoy haciendo… Que imaginación podemos llegar a tener, sinceramente desbordante, para no hacer algo, para postergar en exceso y sin fecha y para procrastinar por afición, seguro que si nos obligaran a tener que rendir cuentas de nuestra imaginación no seríamos capaces de desarrollarla tanto.

Vamos a intentar organizar el tiempo, no poner excusas y aprovechar para hacer todo lo que nos apetezca, se nos presente, nos llame la atención y nos guste, no dejemos nada para “mañana” porque nunca sabes hasta donde llegará ese “mañana”.

La sabiduría popular a través del refranero nos sugiere que “nunca es tarde si la dicha es buena”. Yo, que no soy sabio, debo afinar más y opino que “casi nunca es tarde” y el “casi” lo condicionará “la dicha” que puede ser fuerza, aptitud, actitud, deseo o perseverancia… y por ello el "casi nunca es tarde" dependerá solo de nosotros. 

Aprovecha tu tiempo, como quieras, pero aprovéchalo, y recuerda que como dijo Mark Twain “Dentro de veinte años te arrepentirás de las cosas que no hiciste. Así que suelta amarras, navega lejos de puertos seguros, busca el viento en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”.

 

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