23 de Julio de 2019
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Mi hilo de Ariadna

Recuerdo que cuando era pequeño, como a todos los niños, me apasionaban las leyendas y los mitos literarios, no en vano era un efectivo método de entregar la enseñanza de una manera fácil de comprender y recordar para los más pequeños. Desde Aquiles o Pegaso hasta el Kraken o la Atlántida conseguián que mi imaginación se trasladara a escenarios y épocas que, aunque totalmente desconocidos para mí, los hacia cercanos y tangibles con mi extraordinaria imaginación…

Con el paso de los años, y la lógica pérdida de pureza e ingenuidad que nos da el transcurrir del tiempo, esos mitos también han tenido evolución en su interpretación a lo largo de mi vida. Gracias al exceso de información al que creo he sometido a mi cerebro, expuesto constantemente a los medios de comunicación y en la última década a internet, hoy me siento capaz de describir cualquier escenario mitológico con pelos y señales e incluso apuntar quién fue el o la protagonista en la película, video clip o documental que aparece en mi cabeza cuando recuerdo el mito en cuestión.

 

Hoy quiero acercarte uno de los que más llamó mi atención con edad temprana y al que le he dado una lectura con los años que poco tiene que ver con la idea original y que me demuestra que no todo está perdido y que mi imaginación, aunque entumecida por el paso del tiempo, sigue activa. Hoy te hablo del mito griego de Ariadna.

Cuenta la mitología que el rey Minos de Creta recibió un hermoso toro blanco para que fuera sacrificado y ofrendado al soberano de los dioses, Zeus. El rey, prendado por la belleza y majestuosidad del singular animal decidió esconderlo y engañar al soberano ofreciéndole otro mucho menos singular en su lugar. Zeus se dio cuenta del vil engaño y castigó al rey haciendo que su esposa Pasífae se enamorara del toro blanco, naciendo de su hechizado amor una bestia con cuerpo humano y cabeza de toro, el Minotauro.

Con el fin de esconderlo a los ojos de sus súbditos, el rey Minos pidió a Dédalo, famoso arquitecto ateniense desterrado en la isla de Creta, que construyera un laberinto, dicen que fue el primero de la historia, del que resultara imposible salir para encerrar en él al Minotauro.

Al poco tiempo hubo una guerra entre Creta y Atenas de la cual salió vencedor el rey Minos imponiendo como tributo por su victoria que cada nueve años el rey Egeo de Atenas debía enviarle siete doncellas y siete jóvenes para saciar el hambre del Minotauro. La tercera vez que los atenienses debían pagar su tributo, Teseo, joven y valiente hijo de Egeo, se ofreció voluntario para ir a matar al Minotauro y acabar con el injusto tributo.

Cuando el joven, y apuesto, Teseo llegó a Creta conoció a Ariadna, hija del rey Minos y hermana del Minotauro y ambos se enamoraron profundamente. El amor de Ariadna le llevo a pedir ayuda a Dédalo por su conocimiento del laberinto, y el arquitecto le facilitó una espada y un carrete de hilo que Ariadna entregó a su amado indicándole que debía amarrar la punta del hilo en la entrada y que debía ir desenrollándolo por todo el camino para que, una vez eliminado al Minotauro, le sirviera de guía para regresar a la entrada donde ella le esperaría.

La fuerza y juventud de Teseo le hizo salir victorioso de la encarnizada lucha contra la bestia y antes de lo que Ariadna podía llegar a pensar estaba de camino a Atenas del brazo de su amado, ya que el rey Minos, cuando supo que Teseo había matado al Minotauro, puso precio a la cabeza del joven ateniense, viéndose la pareja obligada a salir precipitadamente de Creta.

Pero ni siquiera en la mitología salen las cosas como a uno le gustaría o se tienen planificadas y cuentan que Ariadna nunca llegó a Atenas, que su amado, en una escala en la isla de Naxos la dejó abandonada dormida en la orilla. Hay varias versiones al respecto en las que no voy a entrar, lo que si cuentan todas es que en la isla Ariadna olvidó sus penas con el dios Dionisos… Pero eso ya es otra historia.

Todos hemos encerrado, en ocasiones sin querer, nuestros propios minotauros en forma de situaciones, pensamientos, sensaciones, deseos, personas o vivencias que nos avergüenzan y que queremos mantener ocultas a los ojos de los demás en un laberinto imaginario e invisible tan inexpugnable como el que Minos hizo construir a Dédalo.

Aunque a nuestros minotauros no debamos alimentarles con atenienses cada nueve años, si debemos rendirles pleitesía cediendo diariamente ante nuestros miedos, inseguridades o renunciando a nuestros deseos y sueños permaneciendo inmóviles en nuestra zona de confort, en ese lugar en el que, aunque no somos felices, nos encontramos tan cómodos y arriesgamos tan poco que hace que no queramos salir.

Teseo es el guerrero interior que todos debemos alimentar en nosotros para que pueda luchar cuando sea necesario con las bestias que cargamos dentro, debemos también encontrar a esa Ariadna que nos provea del arma y la guía, del plan de fuga y la herramienta para acabar con todos esos minotauros que, con nuestro permiso a modo de desidia, nos roban la libertad.

Por muy íntegros, congruentes, lógicos o coherentes que pensemos que somos, estoy convencido de que todos tenemos algún minotauro contra el que luchar y, aunque soy de la opinión de que para encontrarse conviene primero perderse del todo en el tipo de laberinto que consideremos oportuno, llega un momento en nuestra vida en el que hay que saber enfrentarse a la grandeza y fuerza de nuestras bestias para poder tejer la estrategia a emplear para derrotarlas. Porque en caso contrario seguirán obligándonos a rendirles pleitesía todos los días, aunque en ocasiones no queramos, o no nos atrevamos a reconocerlo y eso es algo a lo que no debemos resignarnos.

Me reconozco en Minos porque yo también tuve que encerrar a mis minotauros, quizá incluso los sigo encerrando, pero gracias a las Ariadnas de mi vida también desperté al Teseo que todos llevamos dentro y luché, y sigo luchando, contra mis particulares bestias. Cuando llegue el momento también intentaré salir de mi laberinto, pero día a día... No soy Aquiles.

Hoy te invito a despertar a tu Teseo, buscar tu hilo de Ariadna y con su ayuda eliminar tus minotauros.

Rafa Martínez

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