14 de Noviembre de 2018
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O enamoras o eres barato

Hablando el otro día con una buena amiga, y reputada periodista, acerca de la valía y prestigio profesional, me dijo, refiriéndose a la actividad que desarrolla en un periódico de tirada nacional: “vales lo que tu último artículo”... Aunque debo reconocer que el comentario estaba “muy direccionado” a un sector como el suyo, en el que la inmediatez del trabajo hace que la evaluación sobre el mismo también lo sea, me dejo pensativo, y en un ejercicio de absurda, o no tanto, extrapolación a mi propia situación laboral actual pensé:

¿Eso significa que valgo lo que los resultados de mi última campaña de Lotería? ¿Lo que el éxito o el fracaso cosechado en el último proyecto que he gestionado o participado en la empresa en la que estoy actualmente? ¿Todo lo demás no cuenta? ¿Tan “inmediatos” nos hemos vuelto que hemos perdido la memoria profesional más allá de nuestra última e inmediata actividad? ¿Dónde está todo nuestro bagaje, curriculum, aprendizaje y “demostración acumuladas” o nuestra experiencia vital / profesional?

Insisto que el caso de mi amiga quizá no sea fácilmente extrapolable a todos los sectores profesionales, pero no debemos descuidar el fondo de su comentario porque quizá sea más importante de lo que puede parecer, y deja entrever que además de tener que estar “vendiéndonos” todos los días con nuestro trabajo, muy probablemente solo el ultimo será el referente con el que se nos califique.

Podre matizar y adecuar a cada sector el contundente comentario de mi amiga periodista, pero lo que tengo claro es que, en esta vida, de una forma u otra, aunque no seamos plenamente conscientes, estamos continuamente “vendiéndonos”, en mayor o menor medida, y siendo "calificados". Puede sonar muy “fenicio” o muy “concurso de la tele” con su actuación, valoración, nominación y sus votaciones para expulsarte de esa "situación" sea la misma laboral, personal o familiar, pero en cierta medida la vida es así, un continuo escaparate donde estamos expuestos a la valoración y al gusto de quién nos ve.

Si coincides conmigo en que, queramos o no, nos estamos vendiendo constantemente, pienso que lo más inteligente es intentar hacerlo de la mejor manera posible, ya que no creo que lo podamos evitar, vamos a “vendernos bien”.

Ya no basta con ser bueno o buena, hay que parecerlo y transmitirlo, hacerlo llegar a los demás, a día de hoy hay que cultivar y cuidar mucho nuestra marca personal. Una “auto buena venta” inicial adelanta camino y abre muchas puertas, luego llegará el momento de demostrar esa valía que inicialmente hemos mostrado, pero si somos capaces de trasmitir de forma efectiva nuestras aptitudes y además demostrar una buena actitud habremos dado un gran paso.

Hay personas que valen mucho, que disponen de un potencial, preparación, capacidad y conocimientos increíbles, pero que son incapaces de transmitir esa valía y en cambio hay otras que no tienen esas condiciones, o no a un nivel tan estratosférico, pero son capaces de transmitir y venderse de una forma sorprendente. Y no hablo solo del mundo laboral, nunca lo hago, creo que todos los ámbitos están profundamente relacionados… Recuerdo cuando era joven, mucho más joven que ahora, que dentro del grupo de amigos había uno que no destacaba por unas cualidades físicas embriagadoras, entre nosotros qué no era un Adonis, pero era el que más “ligaba” del grupo con diferencia, con sus limitados recursos, al menos a la vista, él era capaz de venderse mucho, muchísimo mejor que el resto de la panda y sus éxitos en el ámbito amoroso superaban con creces la media del grupo.

Reconozco que, en el ámbito personal, concretamente en el de las “relaciones personales”, la mentira tiene las patas muy cortas y no se debe hacer uso de ella, pero eso no quita que haya que saberse vender bien, muy bien y mi amigo lo hacía espléndidamente.

Cuando hablo de “vender “ no lo hago como el concepto tópico de mentir a un incauto/a para "encalomarle" una falsa ganga, incluso cuando esa ganga sea uno mismo. Vender o venderse no debería ser engañar, debería ser ayudar al comprador, acompañarle, resolverle un problema, hacerle algo más fácil. Si la venta no la ves así es que no tienes un concepto correcto de la venta, sea del tipo y en el ámbito que sea.

Venderse es una tarea compleja, requiere de dedicación, disciplina y perseverancia. Es necesario conocerse y quererse bien, tenemos que ser capaces de identificar perfectamente nuestros conocimientos, habilidades y por supuesto también nuestras debilidades. Es imprescindible transmitir de forma óptima sin entrar en la arrogancia, hay que saber transmitir las virtudes de una manera sutil, para ello no hay que ser altanero, pero si mantener unos niveles de autoestima aceptables, si tú no te crees lo que dices nadie te creerá y si no eres capaz de promocionarte bien no te darán la oportunidad de demostrar tu valía.

En ese proceso de venta personal deberíamos ser capaces de:

  • Controlar nuestro lenguaje no verbal.
  • Escuchar.
  • Destacar nuestras fortalezas, pero también reconocer nuestros puntos débiles. Nadie va a creer que somos perfectos.
  • Utilizar un lenguaje claro, preciso, efectivo y natural.
  • Saber perfectamente a quién nos dirigimos y en función de ello afinar o acercar el discurso.
  • Entender que no es suficiente con tener buenas aptitudes, la actitud, nuestra forma de ser, será tanto o más importante.
  • Mostrar que nos diferencia de los demás.
  • Sentirnos seguros de nosotros mismos, con ello transmitiremos seguridad.
  • Narrar de forma eficiente.
  • Evitar criticar, quejarnos constantemente y ser negativos.
  • Mantener la mirada de nuestro interlocutor.
  • Persuadir y enamorar, pero no coaccionar.
  • No fingir, no mentir y sobre todo ser nosotros mismos.

 

En la última época, las redes sociales están jugando un papel muy importante, y en ocasiones peligroso, en la imagen personal. Todos conocemos casos de profesionales o políticos (no tienen por qué ir relacionados necesariamente ambos conceptos) que por desafortunados comentarios vertidos en alguna red social de amplia difusión les ha obligado a pedir sonadas disculpas o incluso dimitir o renunciar a su puesto sin haber tomado posesión de él… La hemeroteca digital es muy peligrosa, mucho, y aunque hay gente que considera que tenemos dos “yo” distintos, soy de la opinión de que no debería existir un “yo digital” y otro “de carne y hueso”, solo somos uno... Es muy cómodo, y también cobarde, escondido bajo el anonimato de un nick en una red social insultar indiscriminadamente o lanzar improperios a diestro y siniestro sin responsabilidad alguna con la excusa de que tenemos un “yo digital” y que en el universo digital todo vale. Hay que ser coherente con nuestros actos, pero también con nuestras opiniones y comentarios.    

El título del mail de hoy, “o enamoras o eres barato”, debo decir que no es mío, se lo he oído en varias ocasiones a Víctor Küppers, debo reconocer que me encanta, estoy totalmente de acuerdo con él y el axioma, para mí lo es, no es exclusivo del entorno laboral, en la vida “en general”, hay personas que transmiten y son capaces de enamorarnos con su palabras, gestos, actos... y otras que definitivamente, no. Este segundo grupo o es "barato" o no venderá nada de nada.

Ser "barato", en el ámbito profesional, creo que quedaría claro, podemos definirlo como conseguir una venta única y exclusivamente por precio, sin que hayan tenido en cuenta para elegirte otros aspectos adicionales como el servicio o la calidad del trabajo.

Serlo en el personal quizá es mucho más subjetivo, así que prefiero que construyas tu propia definición. Solo recordarte que en este caso se puede ser barato teniendo mucho dinero, y enamorar siendo pobre, ya lo dice Joaquín Sabina, "era tan pobre que no tenía más que dinero" y no olvidemos tampoco que hay personas que no "valen" solo "cuestan"... Y estos seguro que no enamoran nada. 

Y tu enamoras o eres barato?

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