21 de Octubre de 2018
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Priorizando y simplificando, la fábula de la flecha envenenada

 

Los humanos, en general, tenemos la facultad de complicarnos mucho, demasiado, la vida. Complicamos el presente con cosas que ya sucedieron y debiéramos haber olvidado extrayendo únicamente el aprendizaje de las mismas y con cosas que todavía no han sucedido, que en la mayoría de las ocasiones ni sucederán y que incluso así nos generan desasosiego en el momento actual.

A menudo nos preocupamos por nimiedades olvidándonos de lo verdaderamente urgente y prioritario. Como ello conseguimos que nuestro equilibrio y nuestra felicidad, o nuestro camino hacia ella, está constantemente minado por “cosas, personas, circunstancias o situaciones” sin ninguna importancia, o en el mejor de los casos de una importancia relativa, que impiden que vivamos plenamente el presente al priorizarlas injustamente en nuestra vida.

En definitiva, y como decía al inicio de la entrada de hoy, tendemos a complicarnos la vida, a “perder mucho” la perspectiva y a no prestar atención a las cosas urgentes a cambio de si hacerlo a otras que no lo son.

Hoy te traigo una breve, pero interesante, parábola que se atribuye a Gautama Buda. La podemos encontrar en el Majjhima Nikaya y se cree que la contó el maestro a un discípulo impaciente por escuchar las “grandes preguntas sin respuesta” relacionadas con cuestiones metafísicas como la vida después de la muerte. Es la llamada parábola de la flecha envenenada.

 

 

"Hubo una vez un hombre que fue herido por una flecha envenenada.

Sus familiares y amigos querían procurarle un médico, pero el enfermo se negaba, diciendo que antes quería saber el nombre del hombre que lo había herido, la casta a la que pertenecía y su lugar de origen.

Quería saber también si ese hombre era alto, fuerte, tenía la tez clara u oscura y también deseaba conocer con qué tipo de arco le había disparado, y si la cuerda del arco estaba hecha de bambú, de cáñamo o de seda.

Decía que quería saber si la pluma de la flecha provenía de un halcón, de un buitre o de un pavo real...

Y preguntándose si el arco que había sido usado para dispararle era un arco común, uno curvo o uno de adelfa y todo tipo de información similar, el hombre murió sin saber las respuestas".

 

 

Puede parecerte lejana y absurda la actitud del protagonista herido y puedes incluso pensar que eso no te sucedería a ti. Que, en una circunstancia tan extrema no actuarias de esa forma tan estúpida, pero ¿Te has parado a pensar la cantidad de veces que desviamos nuestra atención a circunstancias o situaciones que no la requieren y que se encuentran en el pasado o que no han sucedido todavía abandonando el fin último que es vivir el presente lo más intensamente posible? 

Es evidente que todos vamos a morir en un momento u otro con lo cual, de alguna manera, desde que nacemos estamos heridos virtualmente con una flecha envenenada como en la parábola y sin embargo seguimos prestando atención a temas anodinos e intrascendentes perdidos en la línea del tiempo en perjuicio de los verdaderamente importantes que son los que estamos o deberíamos estar viviendo ahora.

Si lees habitualmente el blog sabes que intento no dramatizar y, sin dejar a un lado el conjunto de la realidad, buscar siempre la parte más positiva y la cara más amable de la misma.

 

 

Hoy pienso que para “no perecer antes de tiempo con las flechas envenenadas del día a día” debo intentar una serie de cosas:

Debo esforzarme mucho en diferenciar lo urgente de lo importante y también lo importante e imprescindible de lo baladí y prescindible.

Debo centrarme y enfocarme en priorizar lo realmente valido y olvidarme de lo accesorio para que no me ocurra en el día a día lo que al protagonista de la fábula, que daba importancia a datos y circunstancias que no eran prioritarias y por culpa de perder el “foco”, al final pierde la vida.

No divagar, no me irme por las ramas y centrarme en los verdaderos problemas. No dar a cada problema más importancia de la que tiene y si decido que algo se ha de resolver, resolverlo y si no quiero, puedo o debo hacerlo olvidarme de ello.

No pensar más allá de lo imprescindible en lo que ha ocurrido hasta la fecha, aprender del pasado, pero no anclarme a él. Como dice uno de los protagonistas del anuncio de la cerveza Estrella Damm de este verano “cuando el ancla se enroca solo puedes cortar el cabo…”

Caminar paso a paso y resolviendo problema a problema no adelantarme a situaciones que no han surgido y que no se si realmente existirán mas allá de mis pensamientos.

Centrarme en apreciar y disfrutar cada día simplificando y eliminando todo lo innecesario. No quedarme únicamente en el aspecto material, también debo eliminar sentimientos, ideas, creencias, actitudes, estereotipos, proyectos e incluso personas que representen un obstáculo. Si voy ligero de equipaje, no solo llegaré más lejos, sino que disfrutaré más del viaje.

Disfrutar y vivir del presente dándole la máxima importancia a lo que tenga en cada momento ya que estoy convencido de que si no soy feliz con lo que tengo, tampoco lo seré con lo que me falte.

En definitiva… Estoy convencido de que la fórmula ideal o una de las ideales, por no resultar petulante o inflexible, es simplificar y priorizar, aprender del pasado y vivir el presente sin pretender adelantar el futuro.

Y tu. ¿Estás dispuest@ a priorizar y simplificar?  

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